Notas

Homenaje a los besos míticos del 7º arte

Chopard - In love with Cinema

Desde aquel film, de tan adecuado título, The Kiss (1896), en el que por primera vez aparecía un beso entre dos actores, el séptimo arte no ha dejado de hacer soñar al público con sus escenas de amor. Todo el mundo es capaz de recordar su beso de ficción favorito porque algunos de los abrazos de la gran pantalla han marcado profundamente nuestros corazones. Fiel a su pasión por el cine, Chopard, en asociación con Studiocanal, devuelve a la vida estas secuencias míticas a través de una exposición fotográfica que se titula: In Love With Cinema. Imágenes de culto para ver y volver a contemplar, en el Chopard Lounge, situado en el último piso del Hotel Martinez, y en el Patio Canal +, cerca del Palacio de los Festivales, a lo largo de toda la 66 edición del Festival de Cannes.

¿Quién no ha vibrado jamás ante un beso de película? Desde el fogoso abrazo de Clark Gable y Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó, al turbador beso de pasión que intercambian Sharon Stone y Michael Douglas en Bajos Instintos, el beso en la gran pantalla se presenta de infinitas maneras para mayor emoción del espectador. El beso: robado, goloso, casto, violento, suave, furtivo, o apasionado, constituye, a menudo, el momento clave de la historia, es ese instante mágico de tanta emoción, que incluso puede llegar a influir en el éxito de la película. Conscientes de su importancia, los cineastas recurren a la imaginación para conseguir una escena inolvidable. Luz tamizada, música idónea, lluvia torrencial, los decorados son tan variados como los besos. Sin embargo, solo algunos de ellos llegan a formar parte de la leyenda.

Mucho antes de convertirse en mítico, el primer beso del cine dio lugar a un escándalo. En la película, The Kiss de William Heise, John C. Rice y May Irwin se dan un beso de cuatro segundos que provoca la primera demanda de censura en el cine. En 1927, el Código Hays, encargado de preservar la buena moral en la pantalla grande, fija un cierto número de límites. Estos límites establecen, entre otros, que en las películas se deberán evitar la desnudez o el beso sensual. Una prohibición que Alfred Hitchcock rodea hábilmente en su película Encadenados (1946). Ingrid Bergman y Cary Grant se abrazan largo rato, separando sus labios cada tres segundos, es decir, ¡la duración reglamentaria del beso de cine de aquella época!

Desde entonces, las mentalidades han evolucionado y el cine de hoy en día no tiene ningún reparo en llevar más lejos los límites de la sensualidad. El antológico abrazo de Anita Eckberg y Marcello Mastroinanni en La Dolce Vita de Fellini (1961) alcanza la cumbre del erotismo. El marco, la grandiosa Fontana de Trevi, el cabello mojado y el escote provocador de la actriz tienen mucho que ver en ello. En Mulholland Drive (2001), David Lynch filma el beso sáfico más turbador del cine. En un encuentro tórrido, la castaña Laura Harring y la rubia Melissa George descubren el éxtasis. En cuanto al beso robado a Norah Jones por Jude Law en My Blueberry Nights de Wong Kar-wai (2007), es un breve e intenso momento de voluptuosidad. Esta escena, ultra coreografiada y rodada desde veinte ángulos diferentes, requirió varios días de trabajo.

Tras haber rendido un homenaje fotográfico a la belleza y al talento de  Marilyn Monroe en el aniversario de su desaparición, este año, Chopard continúa  explorando los mitos de la pantalla grande con la exposición In Love With Cinema. Esta colección de icónicos momentos de amor cinematográficos se podrá descubrir, o volver a descubrir, a lo largo de toda la 66 edición del Festival de Cannes, en el Chopard Lounge o en el Patio Canal +.

Deja un comentario